Para Francisco la política es caridad, para Macri no

Miércoles 17 de Enero del 2018
Por Dr. Yael Vela.
Publicado en Revista Diaria. Integración Nacional.
Macri no está feliz. El Papa se encuentra de visita en Chile y le envió un “coloquial” telegrama en inglés a Macri mientras sobrevolaba territorio argentino. Es que Bergoglio no puede dar un espaldarazo al presidente cuyas medidas atentan contra lo que Francisco ha predicado y defendido toda su vida.
 
Hace un tiempo, en ocasión de una exposición, Francisco dijo que la política es “la forma más alta y exigente de la caridad. Si los cristianos se desentendieran el compromiso directo en la política, sería traicionar la misión de los fieles laicos, llamados a ser sal y luz del mundo también a través de esta modalidad de presencia”.
 
Y continuó diciendo: “No se puede mirar desde el balcón. Mézclate. Haz política: te hará sufrir, tal vez te haga pecar, pero el Señor está contigo. Pide perdón y avanza. Pero no dejes que esta cultura del descarte nos descarte a todos”.
 
 
Ese es el pecado del Papa. Llamar a hacer política. Y por ello lo atacan. Es que la política duranbarbista es evitar la política, evitar el debate, la comprensión de nuestros problemas colectivos.
 
Hace unos días, los docentes bonaerenses fueron objeto de una campaña de desafiliación a los gremios docentes a los que estaban afiliados, campaña teledirigida desde la gobernación encabezada por “Jeidi” Vidal.
 
Es la misma campaña que lleva adelante Macri por consejos de Durán Barba: es el ataque al sindicalismo, pues es la herramienta colectiva que les permite a los trabajadores argentinos hacer política y defender sus derechos que están siendo avasallados por Macri.
 
¿Acaso Jesús no hacía política? La defensa de su pueblo del yugo romano le costó la crucifixión. Multiplicar panes y peces, mientras el Imperio Romano los hambreaba. Así, el Jesús que anduvo en la mar, no el del madero, bienaventuraba a los pobres, a los humildes, a los que tenían hambre y sed de justicia. Puso en tela de juicio al Macri de la época y los duranbarbistas romanos lo señalaron. Dicen que le gritaban: “andate a vivir a Cuba, zurdo”, “no hay que dar el pescado, hay que enseñar a pescar”, “que vayan a laburar manga de vagos”, y cosas por el estilo. Hizo lío.
 
Hace unas semanas, el diario de Mitre, el genocida antecesor directo de Macri (aunque este último sea tan bruto que ni sepa quién es) analizó vía un tal José Fernández Díaz, un libro reciente de Juan José Sebreli, donde indica que “Bergoglio es un conservador popular y que sus apóstoles no encuentran en la pobreza una carencia sino una virtud”. Sebreli dice además que la prédica del Papa está cargada de una “utopía reaccionaria, negadora de la modernidad y prejuiciosa con el capitalismo de cualquier orden, dado que confunde las partes con el todo, es decir, los múltiples defectos y desigualdades del sistema, con sus cualidades, y con la innegable prosperidad social que produjo en muchas naciones”.
 
Finalmente reprocha categóricamente su militancia en la Guardia de Hierro y pone en tela de juicio su lectura jesuítica. Su prédica social, su vinculación al peronismo, su firmeza para decir lo que la mayoría calla, pone nervioso al establishment.
 
Es más, hace unos días, el mismísimo Joaquín Morales Solá, solicitó desde su diario no buscar rispideces entre Macri y Francisco, más aun cuando la imagen del presidente ha caído considerablemente entre los argentinos. Se preocupa por no poner al descubierto esto de que al Papa no le gusta Macri.
 
Según estos anti-Papa, a Bergoglio le conviene que hayan pobres. El mismo Bergoglio que dijo cosas como “el problema no es alimentar a los pobres, vestir al desnudo, ayudar al enfermo, sino considerar que los pobres, los desnudos, los enfermos, los presos, los desamparados tienen la dignidad de sentarse en nuestras mesas, de sentirse en casa entre nosotros, de sentirse en familia.”
 
Francisco defiende la comprensión de nuestro pasado para actuar en el presente. “Cada generación ha de hacer suyas las luchas y los logros de las generaciones pasadas y llevarlas a metas más altas aún. El bien, como también el amor, la justicia y la solidaridad, no se alcanzan de una vez para siempre; han de ser conquistados cada día. No es posible conformarse con lo que ya se ha conseguido en el pasado e instalarse, y disfrutarlo como si esa situación nos llevara a desconocer que todavía muchos hermanos nuestros sufren situaciones de injusticia que nos reclaman a todos”.
 
Mientras tanto, Vidal dice: “cambiamos futuro por pasado”, y Macri forma el mejor equipo de los último cincuenta años con el pensamiento de los ’90.
 
En Chile, el Papa dijo: “tienen ustedes, por tanto, un reto grande y apasionante: seguir trabajando para que la democracia y el sueño de sus mayores, más allá de sus aspectos formales, sea de verdad lugar de encuentro para todos. Que sea un lugar en el que todos, sin excepción, se sientan convocados a construir casa, familia y nación. Un lugar, una casa, una familia, llamada Chile: generoso, acogedor, que ama su historia, que trabaja por su presente de convivencia y mira con esperanza al futuro. Nos hace bien recordar aquí las palabras de san Alberto Hurtado: «Una Nación, más que por sus fronteras, más que su tierra, sus cordilleras, sus mares, más que su lengua o sus tradiciones, es una misión a cumplir». Es futuro. Y ese futuro se juega, en gran parte, en la capacidad de escuchar que tengan su pueblo y sus autoridades”.
 
“Es preciso escuchar: escuchar a los parados, que no pueden sustentar el presente y menos el futuro de sus familias… escuchar a los jóvenes, en su afán de tener más oportunidades, especialmente en el plano educativo y, así, sentirse protagonistas del Chile que sueñan, protegiéndolos activamente del flagelo de la droga que les cobra lo mejor de sus vidas. Escuchar a los ancianos, con su sabiduría tan necesaria y su fragilidad a cuestas. No los podemos abandonar. Escuchar a los niños, que se asoman al mundo con sus ojos llenos de asombro e inocencia y esperan de nosotros respuestas reales para un futuro de dignidad…”
 
“…En esto se requiere la audacia de ofrecer «una mirada distinta, un pensamiento, una política, un programa educativo, un estilo de vida y una espiritualidad que conformen una resistencia ante el avance del paradigma tecnocrático» que privilegia la irrupción del poder económico en contra de los ecosistemas naturales y, por lo tanto, del bien común de nuestros pueblos”.
 
Como Macri no ha podido obtener el balconazo pinchetista, entonces lo ataca. Mientras Macri enfrenta a los sindicatos pretendiendo su disolución, mientras planea la reforma laboral, mientras expolia a los jubilados y somete a los argentinos a la miseria y al endeudamiento bajo las premisas impuestas por el dios dinero, Francisco defiende a los explotados, a los que trabajan en negro (sino preguntale a Triaca).
 
“Hoy ya no es sólo la dignidad del empleado la que está en juego, sino la dignidad del trabajo de todos, y de la casa de todos, nuestra madre tierra”, fueron las palabras del Papa en un mensaje enviado a un encuentro internacional de organizaciones sindicales que se llevó a cabo en el Vaticano hace un tiempo atrás.
 
“El especulador no ama su empresa, ni a sus trabajadores, sino que los ve sólo como medios para sacar ganancias. Despedir, cerrar, mudar la empresa, no le crean ningún problema, porque el especulador usa, instrumentaliza, come personas y medios para sus objetivos de beneficios”, dijo Francisco casi mirando a Macri de reojo. Ah no pará! No estuvo con Macri.

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