Estado y capitalismo en el Paraguay

Por Elio Noé Salcedo

Cuando los nacientes EE.UU. creaban la “doctrina Monroe” (1823) para desarrollarse a costa de Nuestra América, en el Paraguay ya había comenzado la primera de las revoluciones que luego se catalogarían como “Revoluciones por arriba” (“vale decir con poca participación protagónica de las masas”), como las define el historiador y pensador nacional que venimos consultando en su exhaustiva e instructiva investigación.

Esa revolución fue la que dirigieron el Dr. José Gaspar Rodríguez de Francia (1820 – 1840),el Dr. Carlos Antonio López (1842 – 1862) y el mariscal Francisco Solano López (1862 – 1870), el hijo de Carlos Antonio, que “convirtió a la nación guaraní en la más adelantada de América Latina, con ferrocarriles, telégrafos, astilleros constructores de navíos de hierro, vapores, altos hornos, instituciones culturales modernas y apoyo a las comunidades agrarias entre otras notables obras de progreso y desarrollo”.

Esta gran experiencia francista-lopizta, que culminó en la construcción de un Estado y una estructura económica-social que algunos autores han calificado de “socialismo de Estado, otros de “capitalismo de Estado y algunos ignorantes de “feudal-patriarcal” -asevera Roberto A. Ferrero-, no fue una revolución de un solo día, como la toma de La Bastilla en 1789 o la del Palacio de Invierno en Rusia en 1917, sino una “etapa revolucionaria” de medio siglo”, entre 1820 y 1870.

¿En que consistió dicha revolución? Intentemos resumirla.

En una primera etapa histórica (1820 – 1840), el Dr. Francia logró derrotar políticamente en forma definitiva a la oligarquía terrateniente, yerbatera y ganadera, descabezando un complot de la aristocracia liberal filo porteña. Sus tierras, sus ganados y sus plantaciones fueron confiscados y pasaron a manos del Estado.

No hay que ir muy lejos para entender la razón del odio oligárquico al Paraguay, a las revoluciones nacionales (por arriba o por abajo) y al Estado Nacional como demiurgo (hacedor y organizador) del proceso histórico latinoamericano junto con los caudillos y las masas populares. Aunque en el Paraguay había otro factor original que determinaría también su historia y su cultura:

El gobierno revolucionario -apunta Ferrero- destruyó socialmente a la oligarquía porque esta era una clase reducida y aun no consolidada del todo, debido a la presencia y la acción de las Misiones Jesuíticas”, que habían amparado y enseñado el trabajo productivo a los guaraníes sin mengua de sus tradiciones comunitarias, y que dificultaban con su acción política, económica y evangélica la obtención de la mano de obra semi-servil que precisaban los terratenientes para la explotación agraria.

Las tierras confiscadas, aparte de las que ya habían distribuido los españoles y las expropiadas a la Iglesia Católica, “se distribuyeron entre los campesinos pequeños-propietarios, entre los que solo eran arrendatarios y entre los simples peones de campo. Una parte se conservó en manos del Estado” para configurar las “Estancias de la Patria”.

Los años 1835, 1839 y 1840 fueron una época de especial prosperidad para el Paraguay, que permitió al gobierno rebajar los impuestos y mejorar el nivel de vida de la población.

En orden a la economía mercantil, se estableció de hecho un monopolio estatal del comercio exterior, lo que llevó a que la oligarquía exportadora fuera destruida también como clase social, subsistiendo finalmente solo el pequeño comercio urbano y regional, siempre boicoteado por Buenos Aires y su política de puerto único, que no dejaba a Paraguay comerciar por el Paraná, el río Uruguay ni el Río de la Plata.

No obstante, “ese aislamiento, más el manejo de las tarifas de importación cuando se comercializaba, configuraron un régimen proteccionista a cuyo amparo se desarrollaron las artesanías y las industrias domésticas, especialmente la textil. Con pocas necesidades, el Paraguay se autoabastecía en estos ramos”, contando además por entonces condos fábricas de fusiles, talleres de herrería y de cuerdas para las embarcaciones.

 Comprendido y acompañado durante veinte años por las mayorías paraguayas que la legitimaron con su aceptación y apoyo, el gobierno jacobino del Dr. Franciapuede ser caracterizado como una combinación de Capitalismo de Estado y modo de Producción de la Pequeña Propiedad Mercantil (PPM). Un original desarrollo desigual y combinado en un país que pugnaba por salir del atraso y mantener su independencia”.

Aunque, más allá de las críticas sobre el personalismo y la dictadura del Dr. Francia que los sectores opuestos a aquella revolución le enrostraban, “un Paraguay económicamente independiente (y aislado de América Latina), en la época del naciente imperialismo europeo -como advierte Ferrero- era una utopía en el mediano plazo, como Mitre y el Brasil (imperial) se lo demostraron en la infame guerra genocida que tramaron en su contra”.

El gobierno de los López

Fallecido Franciaen 1840, comenta Ferrero, se presentó en el Congreso un proyecto para restablecer un régimen liberal librecambista, pero la rápida e indignada reacción del Ejército nacionalista revolucionario que había organizado el Supremo, lo impidió.Después de dos años, fue designado presidente el Dr. Carlos Antonio López.

El nuevo mandatario consolidó aquel Capitalismo de Estado y lo dirigió por un rumbo de modernización e industrialización soberanas:

En 1848, una ley declaraba propiedad de Estado los bienes de 21 pueblos de indios, y de esta manera muchas familias guaraníes adquirieron la condición de arrendatarios de tierras estatales”, sumando al patrimonio del Estado paraguayo extensas superficies de pastos, inmensos yerbatales, bosques de madera dura y unas 200.000 cabezas de vacuno y ganado caballar. “La yerba mate y las maderas para construcción, vendidas en el exterior proporcionaban a la nación ingentes recursos sin necesidad de aumentar los impuestos”.

En 1852, la Confederación Argentina, ya dirigida por el Gral. Justo José de Urquiza, reconoció la independencia del Paraguay, siempre resistida por los gobernantes de Buenos Aires, y decretó la libertad de navegación de los ríos interiores Paraná y Uruguay. Aún con riesgo de que las manufacturas inglesas se apoderaran del mercado paraguayo, “López manejó siempre el proteccionismo para su pueblo y la apertura nunca fue total”.

En la década de 1851 a 1861 el comercio de exportación se multiplicó por cuatro y resultó siempre superavitario. A partir de 1856, la construcción naval se constituyó en la principal industria, asentada en astilleros del Estado, dando lugar a la flota mercante más grande de los países del Plata. Se contrataron en el extranjero centenares de técnicos de diversas profesiones para que ayudaran a modernizar el Paraguay. Se enviaron a estudiar a Europa contingentes de jóvenes, sostenidos por el Estado, que al concluir sus estudios volvieron al Paraguay para ser útiles a su Patria.

Con todo ese valioso capital social, técnico y científico, “el Estado Paraguayo realizó ingentes obras de infraestructura y de desarrollo industrial y manufacturero en toda la geografía nacional, aprovechando sus riquezas naturales, que no eran solo la yerba, las maderas, el tabaco y el algodón”.

En Ibycuíse levantaron los modernos altos hornos donde trabajaban 100 obreros a sueldo y proveían los elementos de hierro y acero para los navíos y para el agro. Más de 250 obreros atendía el Arsenal, del que salían continuamente cañones de 12 pulgadas, herramientas agrícolas, armas livianas y proyectiles de diverso calibre. La materia prima para ambas industrias -mineral de hierro, carbón y azufre- provenían de las minas de Itacurubí y Valenzuela, que eran también propiedad del Estado guaraní”.

Hacia 1854, “se había ya comenzado a trabajar en el Ferrocarril de trocha ancha que uniría a Asunción con la villa de Paraguarí y que era el primero del Río de la Plata y el segundo de Sudamérica… Simultáneamente fue establecida una red de telégrafos que, a la vez que bordeaba el río Paraguay, permitían enlazar el estratégico Paso de la Patria con Asunción”, mejorándose también los caminos del interior.

En 1855 se crea la Escuela Normal y el Aula de Filosofía de nivel universitario, se fundan nuevos periódicos, se propician representaciones teatrales, exposiciones pictóricas y fotográficas y se embellece la ciudad de Asunción, en un clima general modernizante.

Ese clima y ese proceso sería mantenido por Francisco Solano López (militar de carrera, ministro y vicepresidente), quien sería elegido presidente constitucional, como su padre, a partir de octubre de 1862,hasta que la entente mitrista, liberal e imperial pro británica destruyó el Paraguay entre 1865 y 1870.

Algunas definiciones del modelo   

El Paraguay revolucionario y moderno sería definido de distintas maneras. Guerra Vilaboy diría de él:

Una modalidad precoz de capitalismo de Estado, todavía en una fase de transición, y adaptado como es lógico a las realidades paraguayas del siglo XIX”.

Por su parte, Natalicio González diría de dicho sistema:

No coarta la formulación de fortunas individuales, sino su hipertrofia, es decir, la aparición de una plutocracia prepotente que amanece o extinga las libertades del pueblo”.

Vivian Trías lo definiría como

un Estado popular, apoyado en masas inmaduras y paupérrimas y encarnado en el Caudillo que toma a su cargo la tarea de la liberación y el desarrollo”.

Ya al final del capítulo dedicado al Paraguay, Roberto A. Ferrero nos alecciona sobre aquel original proceso de modernización paraguayo:

Paradigma de un Capitalismo de Estado y desarrollo auto concentrado y soberano, resultaba un ejemplo tentador y admirable para los países que Gran Bretaña estaba tratando de penetrar y subordinar mediante el libre comercio y la enajenación cultural”.

Fue por eso que la guerra de la Triple Alianza destruyó al Paraguay capitalista y avanzado, arrasó su economía, reconstituyó la elite oligárquica terrateniente que el Dr. Francia había expulsado y sometió a su pueblo a un genocidio que redujo su población de 1.300.000 personas a sólo 300.000, con una demostración cabal de la incompatibilidad fragrante que existe entre capitalismo nacional y el libre comercio del capitalismo imperialista.

En esas condiciones, “el país retrocedió medio siglo y no pudo seguir el camino del Japón. Su bajo potencial demográfico, la balcanización de Latinoamérica, su situación geográfica mediterránea y sobre todo la infame guerra de la Triple Alianza (de la Argentina mitrista, el Uruguay liberal y el Brasil imperial), se lo impidieron”.