La Ciudad como mercancía
Por Matías Gonzalez Pagalday*
Cuando todo puede convertirse en negocio, nadie queda afuera del mercado. Ni los cartoneros, ni los barrios populares, ni los vendedores ambulantes, ni siquiera los muertos.
Recientemente, el GCBA, mediante la resolución N.º 53/SECH/26, dispuso la tramitación de apertura previa a la convocatoria de licitación pública para la contratación del Servicio de Recolección, Traslado y Procesamiento de Residuos Sólidos Urbanos Secos.
Esta, sin lugar a dudas, pretende despojar a las cooperativas de cartoneros organizadas y a los recolectores urbanos espontáneos de cientos de fuentes de empleo de familias de escasos recursos.
Esta política, llevada adelante por el jefe de Gobierno porteño y su administración, lastimosamente no resulta extraña a los ojos de las clases populares porteñas, sino que más bien coincide con la oleada de políticas discriminatorias y criminalizantes hacia los sectores más vulnerables.
Sin embargo, es necesario dar cuenta de que dichas decisiones se enmarcan también en concepciones de gentrificación y nuevos negocios privatistas con claros perdedores: las clases populares, las cooperativas, los pobres.
Tal parece que no alcanza con el amedrentamiento de los operativos policiales en las villas, como “Tormenta Negra”, los desalojos administrativos y ocasionalmente judiciales, la privación reiterada y recurrente de los servicios públicos esenciales, los operativos en contra de los vendedores ambulantes, la represión en las marchas, la desidia de los hospitales y los CeSAC en cuanto a insumos y remedios, la falta de becas educativas y tantos otros.
Mientras todo esto pasa con los seres vivos, quienes descansan en el sueño eterno también sufren los asedios absurdos de estas políticas de degradación. Ello es así, en atención a la propuesta del GCBA de licitar una bóveda fúnebre del Cementerio de la Recoleta con el objeto de montar un local gastronómico en el marco de una “prestación integral de servicios complementarios al visitante”, que incluye un gift shop y un servicio de turismo nocturno.
Parece chiste, pero no lo es. ¡No se salvan ni los muertos!
Imagino que la competencia por la concesión será feroz. La familia Addams podría tener una ventaja evidente. Aunque también habría que considerar a Coco, que ya tiene bastante experiencia en eso de combinar muertos, turismo y negocios.
Incluso podrían asociarse.
La única dificultad sería explicarles que, en Buenos Aires, aparentemente, los muertos tienen mejores perspectivas de emprendimiento que los cartoneros.
Y ahí aparece la verdadera ironía.
Porque mientras se discute cómo convertir una bóveda funeraria en una atracción gastronómica y turística, se pone en discusión el trabajo de quienes todos los días recorren las calles recuperando los residuos que la Ciudad produce.
Quizás sea el nuevo modelo de ciudad: una ciudad donde la basura genera negocios, los cementerios generan negocios y los pobres generan problemas.
Por suerte, los muertos no protestan.
Aunque, viendo cómo viene la cosa, yo no estaría tan seguro.
Porque en esta Ciudad, parece que ya no se salvan ni los muertos.
Matías González Pagalday Vecino de la Villa 21/24 de Barracas y abogado novel UNDAV
Matías González Pagalday
Vecino de la Villa 21/24 de Barracas y Abogado novel UNDAV
