Argentina: de potencia militar sudamericana a la semicolonia desarmada de Milei. Por Horacio Paccazochi
A decir verdad el poder militar del país, necesario para la defensa integral de su soberanía, viene decayendo desde comienzos de la nefasta dictadura cívico militar del 76′, y se ha continuado hasta nuestros días luego de atravesar más de cuarenta años de democracia.
Milei es la continuidad agravada, hasta el extremo, de una peligrosa posición cultural de la política argentina, en general con respecto a la defensa de la soberanía, y al instrumento militar que le compete en particular.
Desde liberales antinacionales, civiles y militares, que han propiciado el uso de las FFAA como policía interna, hasta las “buenas intenciones” nunca concretadas de gobiernos progresistas, se ha ido perdiendo no solo capacidad operativa en la defensa del territorio, sino la vital participación de la industria militar como sustitución de importaciones, y ante el embargo de armas por el enemigo inglés.
El conjunto de la población ha quedado preso de un falso debate entre los que conciben el instrumento militar como una fuerza de represión interna, y quienes en los hechos las siguen considerando como tal sin propuestas concretas para llevarlas a ocupar el papel que realmente les asigna la Constitución Nacional.
QUE HACER
A nuestro entender hemos tocado fondo. Se impone una nueva conducción del Estado nacional que encare decididamente le reconstrucción de nuestras FFAA, a saber:
1) Establecer una participación de las partidas para la defensa no inferior al 2% del Presupuesto Nacional, como primer paso, para recomponer niveles salariales, instrucción de cuadros, recuperación de Obras Sociales, reinversión en equipamiento básico, etc.
2) Recuperación de empresas de Fabricaciones Militares, en especial en el sector petroquímico y minero en lo que respecta a minerales estratégicos, como así también la fabricación de armamento liviano para sustituir importaciones. No a la compra del fusil de asalto israelí que podemos fabricar aquí.
3)Unir las capacidades científicas y tecnológicas de INVAP-CNEA a las necesidades tácticas y estratégicas de las FFAA en la construcción de un instrumento militar lo mas autosuficiente posible.
4) Relanzar los astilleros y las construcciones navales para ir recuperando la protección de los dos tercios marítimos de nuestro territorio amenazado por ocupación y por sobre explotación de nuestro recurso pesquero.
5) Imprescindibles acuerdos de cooperación con los países hermanos de la región. En especial Brasil y su importante industria militar. Asegurar la proyección de nuestro poder en el Atlántico Sur y la Antártida, en particular con Chile, con quien tenemos intereses comunes, evitando las provocaciones de quienes nos quieren divididos.
Cada punto es solo un esbozo a desarrollar y enriquecer a partir de entender que la defensa nacional es una de las políticas de estado imprescindible si se pretende una Argentina soberana e independiente.
Ante un posible cambio de la conducción del Estado nacional en 2027 tengamos en cuenta que el 4 de Diciembre de 1991, (presidencia de Menem) se sanciono una ley que declaro sujetas a privatización las 30 principales empresas del área militar, (Astilleros, Fabricaciones Militares, petroquímicas, tecnología aeroespacial, explotación geológica, etc.) y conto con el voto favorable de las bancadas radical y peronista. La sanción tuvo un tramite rápido, duro solo dos minutos. Mientras que el camino recorrido por Richieri-Mosconi-Savio-Castro Madero para construir todo aquello duro 80 años. Esos legisladores no consideraron importante la defensa nacional.
Relatamos este hecho para que no creamos que por el simple funcionamiento democrático de las instituciones, ni aun por la mera enunciación de una oposición a la política de Milei se resuelve la adopción de una política de estado en materia de defensa. Va a ser necesaria la participación activa de sindicatos, empresas nacionales, científicos, y las propias FFAA en el delineamiento y la imposición de ella.
Un nuevo reordenamiento mundial esta en marcha, y no contar con una solida defensa nacional, es el primer paso para perder la capacidad de decidir nuestro destino.
