Mujeres del pensamiento nacional y latinoamericano

por Emmanuel Bonforti

La adhesión a una cosmovisión implica una toma de decisión. En términos de conocimiento, suscribir a la corriente de Pensamiento Nacional y Latinoamericano entraña una serie de características troncales que determinan una tradición teórica. Pero también explican, de acuerdo a la dinámica de la realidad, la posibilidad de nuevas reflexiones en torno a problemas irresueltos, lo que en el Pensamiento Nacional y Latinoamericano sería el problema de colonialidad. El presente artículo tiene como objeto describir brevemente algunas continuidades y diálogos de esta tradición en la obra de Alcira Argumedo y Amelia Podetti, destacando que la realización de estas mujeres del Pensamiento Nacional y Latinoamericano excede ampliamente los escasos párrafos desarrollados a continuación.

Breves reflexiones acerca del Pensamiento Nacional y Latinoamericano

Francisco Pestanha aclara que el Pensamiento Nacional y Latinoamericano es uno de los fenómenos culturales más significativos que acontecieron durante el devenir histórico de nuestro país. Guillermo Gutiérrez –contemporáneo a Podetti y Argumedo– desde una perspectiva política considera que el nacimiento del pensamiento nacional argentino encuentra sus raíces en Artigas. Éste expresa orgánicamente un conjunto de ideas que se sintetizan en un programa político resumido en la soberanía y la independencia de todo poder extranjero.

En la búsqueda sobre los orígenes de esta matriz, el propio Fermín Chávez se remonta a la creación del Virreinato del Río de la Plata y la producción cultural que derivó de la expulsión de los portugueses de estas costas. Producción cultural que luego tomó impulso en las invasiones británicas de 1806-1807. La guerra y la defensa del territorio se plasmó en los primeros versos autoconscientes en forma de gauchipolítica. En esa línea llegamos a la figura de José Hernández que anudó la tradición nacional en su Martín Fierro, ícono defensivo ante el liberalismo salvaje.

Navegando las aguas del siglo XX, esta matriz confluyó en los dos grandes movimientos nacionales del período: el yrigoyenismo y el peronismo. Existe un consenso sobre la aparición de FORJA como eslabón entre aquellos dos movimientos. Fueron estos hombres la bisagra teórica política que explicó la dependencia económica cultural. Del devenir de este proceso emergen las obras de Juan José Hernández Arregui, Jorge Abelardo Ramos, José María Rosa, Rodolfo Puiggrós, entre otros. Cuando se habla de Pensamiento Nacional y Latinoamericano, generalmente se cristaliza la imagen en las preocupaciones teóricas de los intérpretes de esta matriz en la década del 30, o en los años posteriores al golpe de Estado de 1955. Sin embargo, no parece haber una recuperación de las discusiones que se dan a partir de la década del 60. En ese sentido, observamos que toda la producción acerca de la teoría social queda circunscrita en la emergencia de lo que el mundo universitario consideró el nacimiento de la nueva izquierda. A esta interpretación –a la cual no impugnamos– la venimos a matizar en las próximas líneas, reconociendo que el Pensamiento Nacional y Latinoamericano supo reactualizar antiguas preocupaciones al calor de nuevas coyunturas, y de estas inquietudes surgen los planteos de Argumedo y Podetti.

El Pensamiento Nacional y Latinoamericano en tanto cosmovisión encuentra en la referencia espacio temporal un elemento característico que tiene como objeto dar respuestas a la condición de colonialidad propia de la región. Esta referencia es el punto de partida para comprender la producción dos pensadoras contemporáneas, Alcira Argumedo (1940) y Amelia Podetti (1928), generacionalmente conectadas por diálogos coyunturales.

El Pensamiento Nacional y Latinoamericano se formó como una matriz de conocimiento para-académica. Esto se explica porque su acceso a la universidad se vio bloqueada intencionalmente por la intelligentzia que constituyó una casta académica. Sin embargo, los casos de Argumedo y Podetti vienen a discutir parcialmente esta tendencia, complejizando y enriqueciendo el análisis de las pensadoras.

Amelia Podetti, cuando la erudición se construye en popular

Amelia Podetti nació en Villa Mercedes, San Luis, en 1928, en una familia con tradición política y en la función pública. Su padre fue parte del fuero laboral creado durante el gobierno de Juan D. Perón. Podríamos decir que Amelia fue hija de la nueva Argentina. Comenzó sus estudios universitarios en Filosofía, para llegar a ser la responsable de la revista Hechos e Ideas y participar en la experiencia de las Cátedras Nacionales.

Dentro de las principales inquietudes teóricas que forman parte de la obra de Podetti identificamos el lugar que ocupa la irrupción de América en la historia de la humanidad. Con la universalización de la historia llegan las primeras consecuencias, y esto se da fundamentalmente en Europa. A medida que se universaliza el mundo, el pensamiento occidental se torna más defensivo y con pretensiones totalitarias. Lejos de extenderse y beneficiarse, el pensamiento europeo se tornó conservador, manteniendo su impronta mediterránea. Como dice Podetti, si la historia de occidente deja de ser mediterránea y se universaliza, el pensamiento no acompaña tal movimiento, sino que se hace mezquino.

Dentro de estas consecuencias el conocimiento aparece como una herramienta de poder destinada a impulsar una desigualdad sectorizada. La razón universal hija de la modernidad será la encargada de señalar quién posee el conocimiento. Sin embargo, Podetti alertaba que –a pesar de que la universalización europea estaba en marcha– occidente no podía detener la potencia de América. Señalamos en la autora una mirada historicista acerca de la identificación del conocimiento: éste no es exclusividad de la cultura europea. Así, comienza un proceso por la legitimidad del conocimiento. En este sentido, América se presentaba desde la mirada de Podetti como una generadora de síntesis de conocimiento, producto del tipo de conquista mestiza. Para la autora, la ventaja del nuevo continente es que gozaba de una matriz unificadora, donde la cultura se tornaba compleja, generada por múltiples y diversos aportes.

La modernidad es la hija de las pretensiones universales del conocimiento europeo. Podetti consideraba que América pondría en jaque esa pretensión. Europa, al negar la posibilidad del conocimiento americano, se mostraba como universal, y con esto no hacía más que ingresar en su propia crisis. La modernidad –que ponderó el desarrollo individual y el de la técnica– asumía una serie de características, como su devoción al ateísmo y la fe en la razón pura. Podetti completó el análisis, sosteniendo que las consecuencias de este proceso fueron el desgarramiento cultural y espiritual. Así, la modernidad se constituyó como la hacedora de un escenario de antagonismos, donde aparecen separados Dios y el hombre, la razón y los sentimientos. Para la modernidad, la legitimidad del conocimiento se valió en la construcción de un nuevo sistema científico, a medida que la racionalidad, la matemática y el sistema industrial occidental impulsaban una nueva ciencia. La autora observa que se negaba el valor teórico de la filosofía. La ciencia ya no solamente pasaba a explicar los fenómenos físicos de la naturaleza, sino también la relación entre el ser humano y la comunidad. La modernidad promovió la legitimidad del discurso científico en relación a otros: lo postula superior a los argumentos religiosos, y censura el conocer práctico del sentido común y del saber popular. La razón moderna debía negar al conocimiento de lo cotidiano y otras expresiones de compresión vinculadas con manifestaciones sensitivas.

El análisis de la autora no concluía en el mero diagnóstico, sino que señalaba las consecuencias del nuevo discurso de la ciencia moderna. Estamos hablando de la libertad, ya que la ciencia no podía decirnos nada acerca de ella. Si la naturaleza de lo social está regida por la ciencia y no hay espacio para la libertad, no existía para la autora la posibilidad de pensar el bien o el mal, lo ético. La ciencia termina generando una anomalía utópica y tiene su consecuencia en la perpetuación de las desigualdades. La colonialidad del Tercer Mundo es también consecuencia de un tipo de ciencia determinada y la negación de una cosmovisión espacio temporal.

 Alcira Argumedo, obrera de la ciencia social situada

Argumedo fue una mujer de la ciencia social se dio a la tarea erudita de sistematizar el Pensamiento Nacional y Latinoamericano para convertirlo en teoría social. Formó parte de un sentimiento generacional por nacionalizar los conocimientos de una universidad generalmente de espaldas a la realidad argentina. Dentro de sus preocupaciones figuraban la discusión al interior de las ciencias sociales y la forma en deberían aportar, no solo a un conocimiento, sino también a un proceso de liberación política. Podríamos considerar la labor de la autora como un intento de unidad entre el trabajo intelectual y el político. Generalmente estos cruces fueron censurados por la intelligentzia universitaria, incluso también por sectores de la política.

Argumedo conformó el staff de Antropología del Tercer Mundo, publicación que buscaba el debate al corazón de las ciencias sociales sobre la construcción del conocimiento y la teoría al servicio de los procesos de descolonización que se desarrollaban en diferentes latitudes. Su paso junto con el de otros intelectuales por las Cátedras Nacionales fue la mayor experiencia hasta ese entonces por proponer una mirada nacional y latinoamericana en las ciencias sociales.

Con el tiempo vendrá el exilio en México. Argumedo, a diferencia de otros cientistas sociales que regresaron del exilio, no ocultó sus viejas preocupaciones teóricas. En sus producciones siguieron presentes los conceptos de dependencia, Tercer Mundo, Nación, latinoamericano, pueblo, categorías olvidadas o escondidas por ciertos sectores intelectuales que sostuvieron teóricamente los procesos de transición democrática. Instancia histórica que no significó más que la puerta de entrada al neoliberalismo. A partir de este momento comenzó a mencionar con mayor fuerza la idea de matriz, una manera por comprender y analizar las diferentes teorías sociales, incorporando una episteme silenciada, como la latinoamericana. Con el tiempo profundizó sus estudios en relación a este concepto que dentro de sus acepciones tiene una fuerte impronta industrial. En Los silencios y las voces de América Latina, la matriz aparece como un modo de articular categorías y valores, y su punto de partida se vincula a una forma en que las teorías conciben lo social. La matriz posibilita un trabajo sistematizado a nivel conceptual que determina un modo de percibir el mundo. Gracias a ella, los científicos se posicionan y toman partido en relación a su objeto de estudio. Esa matriz refuerza la legitimidad de un proyecto histórico e impacta en la construcción cultural en una determinada región.

Como Podetti, Argumedo señalaba como momento de inflexión la irrupción histórica de América y la crisis de la modernidad, siguiendo la idea de que esta última revalorizó la razón sobre los sentimientos y que fue la base del pensamiento occidental. Así, quien fuera el portador de la razón sería legítimo dueño del conocimiento humano. En ese sentido, Europa se definía como única propietaria del conocimiento humano, pero Argumedo habla de conocimiento y saber en plural. Le otorga a la modernidad europea una matriz específica con determinadas características, fundada en la razón, la civilización, la modernización, el desarrollo. Argumedo consideraba que esta matriz tenía un doble impacto: además de su poder sustentando en la razón como única fuente de conocimiento, también tenía como objetivo silenciar y negar el conocimiento y la historicidad en otras regiones. Al obstaculizar el conocimiento latinoamericano determina que la región carece de historia y señala de forma inacabada el destino infantil de la región. Esta matriz encuentra una sucursal en el desarrollo de la teoría marxista europea, hija también de la modernidad y negadora en sus inicios de la vitalidad y la historia latinoamericana.

Argumedo trabajó para señalar que desde América Latina también existió otra tradición de conocimiento, ya no centrada en la razón universal como única fundamentación del conocimiento, sino en la recuperación de experiencias y saberes generados por el sentido común en la literatura, en el ensayo, en la música, en la cotidianeidad de la adversidad.

Por último, las matrices encuentran su mayor preocupación a nivel estructural en el contenido de la naturaleza de lo social. Pero para esto es necesario el análisis de la agencia, es decir, del sujeto histórico. Para la modernidad, el sujeto histórico es la burguesía capaz de derribar con su razón al feudalismo. La autora consideraba que dentro de la tradición marxista el sujeto aparecía como colectivo: gozaba de una abstracción, ya que se desconocía el elemento de la nacionalidad como contradicción. Elemento que sí aparece en la matriz latinoamericana: en ésta no solo surgía lo nacional en tanto referencia situada, sino que el sujeto se encontraba atravesado por el aporte multígeno de la conquista. La razón universal, hacedora de dicotomías, no logró trasplantar su ideal de conflicto social producto de la heterogeneidad local, donde lo nacional y lo social terminan explicando el motor de la historia.

Así, ambas autoras se encuentran permeadas por la discusión al interior de las ciencias sociales, la disputa en torno a la legitimidad del conocimiento, desnudando y complejizando a la razón universal. Podetti desde la filosofía y Argumedo desde la sociología, son forjadoras de una tradición que se reactualizó a lo largo del siglo XX, pero que mantuvo en su horizonte la lucha por la liberación intelectual y económica como bandera.

Fuente: revistamovimiento.com

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.