No necesitamos capitales extranjeros. Con que no se lleven los nuestros alcanza.

Por Álvaro Fontana.

Desde saqueo del oro y plata en tiempos de la colonia, a la carne y soja de hoy, América Latina es proveedora de capitales. No al reves. El valor agregado del trabajo, nuestros productos naturales y materias primarias, demuestran que hemos sido y seguimos siendo proveedores de capitales al “primer mundo”. La expoliación debe terminar. América Latina se revela a la continuidad de un sistema perimido. Nos interesa demostrar mostrar que la perspectiva hegemónica ha llevado a invisibilizar tanto las condiciones económicas y demográficas de los países de destino que sustentan y dan espacio a la inmigración, así como el aporte de estos inmigrantes a la economía y de estas sociedades. Con una larga historia compartida, la relación entre Argentina y los inmigrantes continuara presente. Los inmigrantes representan menos del cinco por ciento de la población del país y su rol en la economía nacional es menor al registrado durante la primera mitad del siglo XX. En Argentina, se estima que los trabajadores migrantes contribuyen con alrededor de un cuatro por ciento del Producto Bruto Interno (PBI). La cifra está por encima del porcentaje de población que representan los inmigrantes en zonas urbanas, pero por debajo de su proporción en la fuerza de trabajo. Con más frecuencia, los inmigrantes se desempeñan en sectores con un menor valor agregado por trabajador. Además, poseen en promedio un menor nivel educativo y menores salarios. De acuerdo con el informe, y bajo ciertos supuestos, los inmigrantes hicieron una contribución fiscal neta positiva durante 2013, el último año con información disponible. En promedio, esa contribución representó entre el -1 y el 2 % del PBI per cápita. Si bien esta contribución fue menor a la observada para el promedio de los nativos, en parte debido a una alta sobrerrepresentación de adultos mayores entre los inmigrantes, el dato muestra que los trabajadores extranjeros no representaron una carga fiscal significativa durante ese año. La paraguaya es la comunidad más numerosa del país y la económicamente más activa y representativa en argentina. Ya en 2010, último censo, eran 550.000 los paraguayos en el país. Miles de ellos son los que, ladrillo sobre ladrillo, levantan casas, edificios y, podría decirse, barrios enteros. Lo mismo sucede con la comunidad boliviana que en cuanto a la inserción laboral, estos migrantes se emplean como trabajadores asalariados, cuentapropistas y algunos se han convertido en empresarios. En los sectores de la construcción, la industria de la costura o como comerciantes feriantes (desde la conocida feria La Salada hasta las ferias municipales itinerantes) tienen una alta presencia como empleados tanto como empleadores, pero con la flexibilidad y habilidad suficiente para desenvolverse en circuitos de la economía informal. Por su parte, las inserciones ocupacionales se han diversificado y llevan en sí expresiones de movilidad socioeconómica; hoy los bolivianos se identifican en nichos económicos tales como la construcción, la industria textil, la horticultura, el comercio como ferias y verdulerías, además de cantidad de actividades destinadas a las demandas de consumo de la misma colectividad. Por su parte, en las economías agrícolas, desde hace más de 20 años, se ha consolidado el desarrollo de la horticultura, con el manejo de todo el circuito económico desde la producción hasta la comercialización minorista, pasando también por los mercados mayoristas. La fuerza del trabajador latinoamericano es el capital para el crecimiento que necesitamos.

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