La guerra del Gas Europea

Por EMILIO LAHITTE

En las últimas horas, Alemania ordenó suspender la certificación del gasoducto Nordstream 2. El anuncio del canciller de Alemania Olaf Scholz ha sido la forma en que los aliados occidentales responden a la acción militar de Rusia en el este de Ucrania, por reconocer las independencias de Donetsk y Lugansk . La decisión deja al descubierto los problemas políticos internos en el nuevo gobierno de coalición de Alemania que tiene fuerte presencia de los Verdes, que se oponen a la creciente de la dependencia del gas natural, fundamentalmente el ruso, con el argumento que este es un combustible fósil que ahora contribuye más a las emisiones de gases de efecto invernadero en la Unión Europea que el carbón.

Pero a la vista de la actual situación la UE se ha vuelto tan dependiente del combustible que se suponía que era para la transición a las energías renovables, lo que muestra es una visión de largo plazo. Para Alemania es muy difícil prescindir del gas ruso a largo plazo, como un recurso del cual es altamente dependiente. Hasta ahora, Berlín se había resistido durante mucho tiempo a desconectar el proyecto, a pesar de la fuerte presión de Estados Unidos y algunos países europeos para hacerlo. Washington también ha argumentado durante años que la construcción de otro gasoducto que lleve gas natural de Rusia a Alemania, especialmente uno que no pase por Ucrania, aumenta la dependencia de Europa de los suministros de energía rusos.

En ese sentido el vicepresidente ruso, Dmitry Medvedev responde vía Twitter a Alemania tras ordenar detener la certificación del gasoducto Nord Stream 2, pronosticando un aumento en los precios del gas a 2.000 euros por 1.000 metros cúbicos; también con repercusiones del arco oficial del lado alemán, el Ministro de Economía , Robert Habeck dijo que detener el proceso de certificación del Nordsream 2 no significaba que nunca entrara en operación, lo que deja en dudas sobre cuál va a ser el final de este proceso.

La interrupción implica que no se van a continuar los trabajos técnicos por ahora porque son necesarios para habilitarlo. Sin embargo, el otro gran gasoducto está en pleno funcionamiento, el Nordstream 1. Pero lo que debería ser un gran triunfo de los EEUU y los aliados occidentales europeos no parece serlo, ya que en primer lugar, Rusia está en condiciones de vender su gas tanto a la India como a China; además los norteamericanos acorralan con sanciones a los bancos y contratistas que financian el Nordstream 2 lo que demuestra que lo importante es el gas y quién lo provee y no la intervención en el conflicto con Ucrania. La eventual ventaja que habría conseguidos EEUU sería entonces, por un lado la cancelación del Nordstream 2, que llevaba años persiguiendo sin encontrar pretexto adecuado, y convertirse en principal exportador de gas licuado mundial, pero en ambas situaciones siempre en perjuicio de sus aliados europeos. Es evidente que Washington lo considera una amenaza a su primacía en Europa, pero este gasoducto es más relevante para Alemania que para Rusia, que tiene la opción de vender fácilmente el gas a China y firmó el acuerdo durante los juegos de invierno en Beijing.

Las consecuencias y las reacciones han sido inmediatas y en EEUU cerró Wall Street en rojo y el Dow Jones perdió 1.42% por la crisis en Ucrania desencadenada por los norteamericanos y la OTAN, con la suba del petróleo. En ese sentido el JP Morgan informó que por las sanciones a Rusia predicen un nuevo «superciclo», donde el precio del barril Brent supere $125 en 2022; y alcance los $150 en 2023. Pero ¿Quiénes son los que se perjudican con estas medidas? Europa queda en una situación difícil, porque Rusia puede cerrar sus otros grifos de gas que alimentan la mayor parte del continente y dejar a millones de personas a oscuras y con frío. El gas natural es el combustible utilizado para el funcionamiento de los calentadores de agua, hornos y estufas en todo Europa. Por eso es que habría que mirar si estas “sanciones” a Rusia no son más que el brillante negocio que buscaba EEUU: bloquear el Nordstream 2 y poder venderle a Europa su gas, más caro que el ruso. Así queda en evidencia que el cambio de proveedor será un pésimo negocio para Europa quedando al borde de la extenuación. De esta forma Rusia simplemente cambiará de cliente y mirará hacia China.

Una eventual interrupción prolongada del suministro de gas para Europa generaría una situación catastrófica , por la imposibilidad de almacenamiento de gas cercano a cero el próximo invierno. Ya que los precios podrían estar por las nubes y las industrias tendrían que cerrar, con las consecuencias de que la inflación se dispararía. En definitiva esta crisis energética europea podría desencadenar una recesión mundial en un contexto muy incierto. Aunque desde el otro lado del mundo, en el hemisferio sur, la situación puede representar para la Argentina una oportunidad formidable.

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