Violación al espacio aéreo argentino

La importancia de incrementar la presencia de la Fuerza Aérea Argentina en el Sur

En el día de ayer, a través de diversos medios de comunicación, se dio a conocer que al menos cinco aeronaves de distinta envergadura ingresaron sin autorización al espacio aéreo argentino provenientes de la frontera suroeste del país con destino hacia las Islas Malvinas.

Las detecciones fueron realizadas por la Dirección de Vigilancia y Control del Aeroespacio, por medio del radar de vigilancia inaugurado el 30 de mayo pasado en Cabo Domingo, en la ciudad de Rio Grande, Provincia de Tierra del Fuego, coincidiendo con el 40 aniversario del ataque al portaviones HMS Invincible.

A cuatro décadas de una de las misiones más relevantes de la Guerra de las Malvinas, la necesidad de contar con medios necesarios para el efectivo ejercicio de la soberanía en la Patagonia es una realidad que desde hace años nos interpela. La cercanía al continente Antártico, con su consabida importancia geopolítica, y la usurpación del territorio insular -Islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur por parte del Reino Unido- dan cuenta de la necesidad de un despliegue de medios.

Con el repliegue de los cazabombarderos Mirage Mara hacia la VI Brigada Aérea, y la posterior disolución de la X Brigada Aérea en Rio Gallegos, la Fuerza Aérea Argentina (FAA) dio por terminado el despliegue permanente de aviones de combate en la Patagonia, que supo tener su máximo numero de aviones durante el ultimo lustro de la década del 80; inicialmente con los Mirage IIIC (posteriormente Mirage Mara) y los IA-58 Pucará que prestaron servicio en el Escuadrón IV de ataque de la IX Brigada Aérea.

Actualmente, solo la IX Brigada Aérea cuenta con aviones de transporte SAAB 340 y la Base Aérea Militar Rio Gallegos con aviones DHC-6 Twin Otter. Estos aviones prestan un invaluable servicio para la línea aérea estatal LADE, que históricamente realizó la misión de unir las distintas localidades de la Patagonia.

Las mencionadas bases aéreas, que a las que se sumarian el Aeródromo de Puerto San Julián, la Base Aeronaval Rio Grande y la Base Aeronaval Almirante Zar en la localidad de Trelew, actualmente operadas por la Armada Argentina –que no cuenta con aviones de exploración de largo alcance en servicio– fueron escenarios clave donde la Fuerza Aérea Argentina desplegó sus medios durante el conflicto de Malvinas. La probabilidad de un conflicto armado con Chile hacia 1978 fue el motivo por el cual las distintas bases fueron equipadas con infraestructura necesaria, contemplando hangares (bunkers), polvorines, calles de rodaje asfaltadas, que persisten hasta la actualidad con distinto grado de mantenimiento producto de las restricciones presupuestarias.

Las recientes detecciones de aviones en flagrante violación del espacio aéreo argentino, demuestran el acierto de la instalación del radar RPA-170 en Rio Grande. La necesidad de reforzar la vigilancia aeroespacial en el norte, dado la cantidad de vuelos ilegales detectadas, hizo que la Fuerza Aérea Argentina deje de tener su norte en el “Sur”, tal como fuera durante décadas pasadas.

Los distintos despliegues anuales que supieron movilizar las distintas brigadas aéreas de la Fuerza Aérea Argentina se fueron volviendo más escasos, sumado a la merma de aeronaves operativas. La adquisición de cazas interceptores supersónicos que reafirmen la capacidad del instrumento militar como elemento de disuasión es, hoy en día, una necesidad que requiere una decisión política de cara a un futuro donde la región austral se presenta como un desafío que exige un importante esfuerzo por parte de la República Argentina.

Fuente: ZonaMilitar.com

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