Habrá Contrafestejo en Tucumán. Por Sara Liponezky

En su edición del 9 de julio de 2023, bajo el título “Hallazgo trascendental. Recuperan un manifiesto original de la declaración de la independencia de 1816”, el diario La Nación informaba sobre un hecho poco atendido en ese momento por las y los lectores, aunque se trataba de una evidencia que enriquecía el contenido de la declaración conocida y difundida. En honor al rigor histórico, ya Victorino de la Plaza y luego Arturo Illia procuraron recuperar (infructuosamente) originales del Acta suscrita en 1816, que aparentemente se habían extraviado. El aludido hallazgo fue resultado de un proceso judicial instado desde Perú ya que habría sido robado de una universidad en el hermano país. Recuperado por la Aduana argentina., quien entonces dirigía el organismo, Guillermo Michel señaló: “Recuperamos una pieza fundamental de nuestro patrimonio nacional que tiene un gran valor histórico y simbólico”

¿Y cuál es la importancia histórica y conceptual del aporte que agrega este original? Es que el documento hallado refleja la enmienda realizada el 19 de julio de 1816 por pedido de Pedro Medrano –representante de Buenos Aires en el Congreso de Tucumán. En una sesión secreta: el diputado había solicitado agregar que no solo seríamos independientes del rey Fernando VII, sus sucesores y sus metrópolis, sino también de cualquier otra dominación extranjera. Se  incluía ni más ni menos,  el concepto de independencia sostenido por José Artigas.  En las Instrucciones a los representantes orientales que irían a la Asamblea de 1813 y como principio inspirador junto al de “soberanía particular de los pueblos” (base del Federalismo) de su convocatoria en 1815 al Congreso de los Pueblos libres en Arroyo de la China, hoy Concepción del Uruguay.  Ambas condiciones fueron rechazadas para la declaración de Tucumán como antes por la Asamblea de 1813.  Esa diferencia sustancial explica por qué no hubo en Tucumán representantes santafesinos, entrerrianos ni orientales Sin embargo esta secuencia relevante no aparece en el relato histórico que reproducen nuestras aulas. Me atrevería a decir que en su mayoría las infancias y juventudes argentinas solo registran la palabra Independencia, asociada a la imagen bucólica y simpática de la “casita de Tucumán y el feriado del 9 de julio que da inicio (cuestión no menor) al receso invernal.

Con respecto al Acta original , rezaba en su preámbulo , “el Congreso de las Provincias Unidas continuó sus anteriores discusiones sobre el grande, augusto y sagrado objeto de la independencia de los Pueblos que lo forman. Era universal, constante y decidido el clamor del territorio entero por su emancipación solemne del poder despótico de los reyes de España. Y ya en el Acta los representantes reunidos manifiestan: “que es voluntad unánime e indudable de estas provincias romper los violentos vínculos que las ligaban a los reyes de España, recuperar los derechos de que fueron despojadas, e investirse del alto carácter de una nación libre e independiente del rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli. Quedan … de hecho y de derecho con amplio y pleno poder para darse las formas que exija la justicia Todas y cada una de ellas así lo publican, declaran y ratifican, comprometiéndose …al cumplimiento y sostén de esta su voluntad, bajo el seguro y garantía de sus vidas, haberes y fama”

De su lectura se infiere y aun sin el agregado “de toda dominación extranjera” que aquella decisión por la independencia era resultado de un largo y agitado proceso. De tensiones internas y enfrentamientos con la dominación española. Que hubo debates extensos y cargados ya que el congreso se había instalado en marzo de aquel año. No fue una imposición, fue un acuerdo, aunque parcial (ya que faltaban representaciones territoriales que compartían el pensamiento de Artigas). De voluntades soberanas.

La evocación de ciertos acontecimientos históricos que nos constituyen como país, con los hombres y mujeres que allí estuvieron, se aplica al calendario escolar y está instalada en el espíritu colectivo. En general se trata de un homenaje, un acto de reafirmación de ideas y gestas. Lo que desnaturaliza su sentido es la utilización de esas fechas para reivindicar lo contrario.

Así será por decisión del presidente Milei  el próximo 9 de julio en la emblemática ciudad de Tucumán. Ya un antecesor que él considera “ejemplar”, había pedido disculpas en el mismo sitio al rey de España por nuestra rebeldía independentista. Pero el actual, con su obsesión fundacional (por eso busca liquidar todo lo cultural y creativo preexistente) y su repulsión orgánica por nuestra identidad nacional, busca superarlo. Malversando  la palabra “pacto” pues se tratará de una adhesión compulsiva de los gobernadores que dependen de recursos nacionales y carecen de compromiso con el Federalismo y la Soberanía.  Será una grotesca burla al propio significado del acto que en Tucumán y con las limitaciones de aquel contexto histórico, plantó una bandera incompatible con la entrega de nuestro patrimonio nacional y nuestras autonomías. La verdadera razón del festejo que brota con estruendo, es la sanción de la Ley bases. Una hechura sin apego a lo jurídico, constitucional, humano, histórico, a la soberanía nacional ni al federalismo que nos avergüenza. Al estilo de ciertos emperadores y para que  no falte diversión en medio de la pobreza, la recesión y la desocupación que se  agrava día a día, habrá show . Así distraerán sus conciencias los cómplices del desguace, la apertura indiscriminada a la voracidad extranjera el despojo de derechos y la preocupación preferencial por los más ricos. El pueblo agobiado olvidara por un rato sus penurias cotidianas. Pero la realidad es indisimulable. Según el dicho popular “no se puede tapar el sol…”, en este caso  “ni con una orquesta”

Un pacto de verdad entre las y los argentinos con vocación de dignidad y bienestar compartido es urgente y necesario. También posible si aún persiste nuestro ADN consistente con una Historia valiosa por la defensa de nuestra libertad e independencia Deberá ser un abrazo amplio, sustentable, fundado en el reconocimiento de nuestros errores como en los principios y objetivos compartidos. Un esfuerzo gigantesco para concertar cediendo mezquindades y personalismos. Con toda la energía del pensamiento puesta en proyectos Para construir un futuro reparador y equitativo, priorizando la cultura del trabajo y la producción nativa. Que revise con inteligencia las instituciones públicas para garantizar su servicio útil a la comunidad. Que plantee estímulos (inclusive con nuevos criterios tributarios) a la economía activa y condene la especulación parasitaria. Que revalorice la capacidad científica y creativa de las y los argentinos, como un capítulo del patrimonio nacional. Que lo defienda protegiendo nuestra riqueza natural, impulsando su crecimiento y alentando inversiones convenientes al interés nacional. No es una abstracción ni una pancarta: en español quiere decir “para el pueblo todo”, no para un grupito selecto y favorito.

San Martín, un hombre insoslayable en la epopeya independista, decía “cuando la Patria esta en peligro todo está permitido, menos no defenderla”.

                               

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