Un notable literato americano

Por Gustavo Battistoni*

Clásicos argentinos: los libros que nos formaron

Juan María Gutiérrez, nacido el seis de mayo de 1809, es uno de los intelectuales más admirables y, paradójicamente, más desconocidos. Las razones son múltiples, pero podemos colegir que su oposición a Juan Manuel de Rosas, su papel como Ministro de Relaciones Exteriores de la Confederación Argentina con sede en Paraná, y su defensa de la autonomía cultural americana con respecto al viejo amo español, le granjearon muchas enemistades en la ciudad de Buenos Aires. Cómo José Hernández, se consideraba un “argentino de Buenos Aires”, a diferencia de la mayo-ría de los porteños que observaban con desprecio a los “trece ranchos” y que miraban embobados a Europa.

Perteneció a una generación que intentó saberlo todo, desde las ciencias exactas hasta las más complejas humanidades. Querían construir un país nuevo, moderno, integrado al mundo desde la propia singularidad. Esto llevó a muchos de sus integrantes a grandes desaciertos, pero en el caso de Juan Bautista Alberdi, José Hernández y Juan María Gutiérrez, su liberalismo significó un aporte sustantivo a nuestro acervo nacional. El objetivo era instaurar una nación integrada y federal, que por el egoísmo del mitrismo, ayudado por algunos acólitos del interior del país, no se podía constituir en plenitud.

Reseñar su obra erudita e inmensa nos llevaría muchas páginas, tan solo queremos poner en este breve artículo, el acento en una polémica en torno al idioma, dos años antes de su muerte, en 1878, con el escritor español Juan Martínez Villegas. El detonante del vehemente intercambio en la prensa de la época, fue el rechazo de nuestro escritor del diploma que la Real Academia Española le había conferido para ser miembro de ella.

La razón expuesta por Juan María Gutiérrez era sencilla. Si América se había emancipado del yugo español en materia política, no podía someterse a las normas de una academia que quería tener el monopolio en cuanto al uso del idioma. Sin renegar del legado de España en cuanto a la magistral tradición del Siglo de Oro, debía dar nuestro continente una fisonomía propia a ese legado, y enriquecerlo con otros saberes idiomáticos, incluyendo las ancestrales lenguas indígenas. Eso le pareció un desdén hacia la patria de Cervantes al español Villegas, y los llevó a enfrascarse en una de las polémicas más interesantes de la cultura argentina.

Estaba convencido, el argentino, a partir de sus estudios y vivencias en el continente americano, de la unidad de su idioma y pensamiento: “Al ver como en pueblos tan apartados luce la llama de una misma inspiración; el mismo amor por la patria, las mismas esperanzas de mejora y de engrandecimiento; igual entusiasmo por las instituciones nacidas de la emancipación; igual encanto ante la naturaleza virgen, lozana y maravillosa del Nuevo Mundo, creemos que no se podrá negar, que, a más de aquella armonía que proviene de la comunidad de relación e idioma, existe otra entre las Repúblicas Americanas, la armonía del pensamiento”. Y de esto colegía:”… pero si la Argentina formaba ya una nación distinta de la española, su idioma también debería manifes- tarse en igual grado distinto”.

Consideraba que la lengua es una creación del habla y la escritura de sus habitantes, y que un movimiento idiomático emancipador no podía ser tutelado por una academia ligada a una retrograda monarquía de la que nos habíamos libertado. Debemos destacar, que Gutiérrez en sus cartas periodísticas firmadas como “Un Porteño”, no quería constituir un idioma nacional argentino, sino que nuestro acervo lingüístico sea un producto de la práctica cultural de los habitantes del continente. “Conocer la literatura de un pueblo es conocer su estado de civilización en esa época”, afirmaba con acierto.

Entendía al idioma como un sistema vivo, que no podía osificarse por autoridades, que por más eruditas que fueran, no llegaban a conocer los veneros profundos del idioma, que siempre es una creación popular. De ahí sus estudios sobre muchos escritores que hoy han pasado al olvido, pero que con su prosa vivificaron el español, enriqueciéndolo con la riqueza cultural de nuestro continente.

Como bien analiza un estudioso de su obra, Jorge Myers: “La visión de Gutiérrez, radicalmente secular, a la vez multicultural y poscolonialista avant la lettre (ya que supo ser el primer crítico criollo en rescatar el valor de la poesía popular en lengua quichua, el primer reivindicador fuera de Cuba de la poesía del afrocubano ‘Plácido’, y uno de los primeros lectores entusiastas de la poesía del rey- poeta azteca, Netzahualcóyotl) entronca desde diversos ángulos con nuestra modernidad democrática, tan azarosa y por ello tan valorada”.

Uno de los grandes intelectuales de España, Marcelino Menéndez y Pelayo, consideraba a Juan María Gutiérrez como el más completo hombre de letras del siglo diecinueve americano. El desconocimiento de su vida y obra significa un empobrecimiento de nuestra cultural nacional, y un injusto olvido para quien tanto aportó al patrimonio intelectual argentino.

*Escritor e historiador firmatense

Fuente: elcorreodigital.com.ar

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