Con el Cristo Negro y la Virgen de Luján

Por Lucas Schaerer

Los Hogares de Cristo, el dispositivo de la iglesia para recibir a los “fisuras”, adictos, cumple 15 años de vida. Iniciaron una peregrinación acompañados por los Misioneros de Francisco y el secretario general de Cáritas Internacional.

El lavado de pies. El gesto concreto de Jesús que se abajó. Donde sirvió a sus amigos, los apóstoles. Él que es hijo de Dios los atendió. Un liderazgo en el amor. No un líder que impone.

Ese método práctico Jorge Mario Bergoglio lo imita desde entonces cada Semana Santa. La primera vez fue en el año 2008. Un Jueves Santo en la Villa 21/24 junto al cura Pepe Di Paola. El mismo sacerdote que 14 años después, este domingo 7 de agosto, por la tarde, en el escenario instalado en la puerta del Santuario de San Cayetano (Cuzco 150), en el barrio de Liniers, relató a los devotos del santo patrono de los trabajadores que se iniciaba una peregrinación por todo el país que prometen va a visitar los 200 Centros Barriales donde funcionan los Hogares de Cristo. Al momento de la misa, en el escenario de San Cayetano, estaba el Cristo Negro, esa misma imagen que fue testigo del nacimiento de la “Familia Grande de los Hogares de Cristo”, el dispositivo para recibir a los “fisuras”, adictos al paco, crack, pasta base, cocaína, que viven en los pasillos de las villas o en las veredas alrededor de los barrios populares.

La iglesia católica en Argentina abraza el descarte humano de la sociedad del individualismo y el hiperconsumo, gracias a los curas de las villas del conurbano bonaerense y en la Ciudad de Buenos Aires quienes actualizaron la experiencia de San Alberto Hurtado, quien con su camioneta levantaba de la calle a los “fisuras” de Santiago de Chile. Los Hogares de Cristo del santo patrono de los trabajadores en Chile fue conocido por Bergoglio en persona en la década del ’60 donde vivió un año para completar su formación jesuita.

“La vida como viene”. Es el lema de base, central, que se populariza en una canción que se canta forzando la voz, con la garganta fundida, al estilo tribuna en un partido de fútbol, por los mismos adictos que están tratando de romper las cadenas de la esclavitud del consumo.

Fue en el Centro Barrial de San Cayetano, ubicado en la calle Víctor Hugo, una pequeña casa donada a la iglesia Perpetuo Socorro, en el barrio de Monte Castro, donde llegó la peregrinación con la pesada imagen del Cristo Negro y la imagen de la Virgen de Luján, patrona de la Argentina. Este Centro Barrial tiene la cooperativa textil más conocida y potente de la Familia Grande de los Hogares de Cristo. Durante el confinamiento de la pandemia del covid, el inédito año 2020, gracias al liderazgo del laico Pablo Hernández la cooperativa de los ex adictos confeccionó miles de barbijos y los regalaba a quien lo pidiera. Ese gesto samaritano de ayuda, sin interés económico, desde los ex “fisuras” trascendió en ese momento en todos los noticieros televisivos y redes sociales.

En una jugada inesperada de Dios “Pablito” Hernández murió de un paro cardíaco, en un partido de fútbol, hace poco más de un mes. El Papa Francisco enterado del fallecimiento de este joven líder de la textil San Cayetano me respondió en una carta: “Los ‘grandes’ dejan huellas profundas y -cuando parten- sentimos una sensación de ‘misión inacabada’…Nos queda sólo recoger el desafío y seguirlo nosotros”.

El Santo Padre en esos días también había recibido la noticia del fallecimiento del cardenal brasileño más amazónico, Claudio Hummes, conocido por decir en el cónclave a Bergoglio “no te olvides de los pobres”, y ello lo inspiró en tomar el nombre del santo de Asís; otro dato significante de la amistad entre ambos religiosos, uno franciscano y el otro jesuita, que por primera vez un Pontífice salía al balcón de la Basílica de San Pedro a saludar al pueblo acompañado a su lado por un hermano cardenal que fue Hummes.

La misión de los Hogares de Cristo no se detiene. Siguió hacia la Villa del Bajo Flores. Para cumplir con la promesa de visitar los 200 centros barriales de toda la Argentina. Este cronista estuvo el martes 9, en la parroquia María Madre del Pueblo. En ese momento acompañando la llegada de otros peregrinos que venían caminando desde hacía una semana. Los Misioneros de Francisco de Luján habían iniciado su peregrinación desde la Basílica de su ciudad al Santuario de San Cayetano y luego confluyendo en la movilización de los Movimientos Populares. Pero no se detuvieron allí. Porque este año se sumaron a la Virgen patrona de Brasil. Están peregrinando hacia San Pablo, a la Basílica de Aparecida, para dejar la imagen de la Virgen de Luján y la de su cuidador y primer devoto, el Negro Manuel. En ese andar los Misioneros de Francisco hicieron una parada en el Congreso Nacional para entregarle una imagen del Negro Manuel al diputado y titular de la Comisión de Relaciones Exteriores, Eduardo Valdés. El ex embajador argentino ante la Santa Sede se comprometió frente a los peregrinos a brindarle ayuda y contactos para potenciar su misión de rezar por el Papa Francisco y la hermandad entre los pueblos en Brasil y Argentina.

La villa misionada

“Los vagos amigo de los vagos, no de los curas”. Esta frase la recordó varias veces “El Chavo”, uno de los vagos y peregrino, un hombre de 57 años que quedó alejado de su familia y hace años va y viene entre refugios, vivir en la calle o en el campo “La Morocha” en Luján. “Los vagos amigo de los vagos” decía el primer sacerdote en vivir en la villa del Bajo Flores. “Soy de la Virgen nomás” era la frase de cabecera oficial del Padre Rodolfo Ricciardelli que la tomó de Manuel de los Ríos, traficado de África y esclavo que fue liberado por el pueblo de Luján hace casi 400 años atrás. Sobre avenida Perito Moreno, a cien metros del cruce con avenida Cruz, se levanta la parroquia María Madre del Pueblo. Al fondo de la iglesia, pasando la casa de los curas y la cancha de fútbol, está el Hogar Santa María. Allí las familias y madres solteras crían a sus hijos a la misma vez que renacen de sus años de consumo y exclusión. En el patio, en forma de circulo, los integrantes del Hogar de Cristo que, en la guía del obispo villero y nuevamente párroco allí, Gustavo Carrara, y el cura Eduardo, a cargo del carrito con el megáfono y los parlantes, iniciaron el rezo de un Ave María para largar la peregrinación dentro de la villa con el Cristo Negro, las imágenes de las vírgenes de Luján, Aparecida y el Negro Manuel.

“Viva la Virgen”, salía de los parlantes y responden los peregrinos con un “viva” y sin frenar los golpes de los bombos y los gritos de “ehhh”. Así por los pasillos de la villa se anduvo por dos horas y visitando espacios de salvación comunitaria.

Primero la escuela media Nº 3 “Profesor Carlos Geniso”. Allí tomó la palabra delante de los estudiantes secundarios una mujer que relató en pocos minutos su vida en la calle bajo el consumo de drogas inclusive con su bebé recién nacido. Griselda Galarza, la vicedirectora, tomó la palabra para agradecer el testimonio, la visita de la peregrinación y pidió “seguir en el camino de encontrarnos porque la realidad es muy dura y muchas veces nos encontramos desbordados”. Sabe de lo que habla “Neno” como apodaron a la vice desde que era docente. Fue en el aula donde la perforó la crueldad de la vida entre el narcotráfico, la desaparición de chicas y mujeres y la exclusión que es la vida diaria en el Bajo Flores.

La peregrinación continúa, aunque se frena algunos segundos por los vecinos que pasan a tocar las imágenes de las vírgenes. Los cantos de la “vida como viene” con el sonar de los bombos sacude al barrio Illia, pegado a la villa. El obispo Carrara, vestido con una túnica blanca, se detiene a rezar frente a una casa. En el primer piso del inmueble, la ventana tiene a su alrededor todo negro. El secretario general de Cáritas Internacional, que acompaña la peregrinación, pregunta qué ocurrió allí. Nicolás Meyer, secretario ejecutivo de Cáritas argentina, le traduce a su jefe nacido en la India, Aloyysius John, que allí hace pocos días murieron tres niños por un incendio.

La esperanza crece con la misión. Ante tanta injusticia social los espacios de sanación comunitaria son como oasis en el desierto. El Centro de Salud Nº 20 o en el comedor “Niños felices” respiran del fervor popular de los ex “fisuras” de los Hogares de Cristo, los trabajadores en estos espacios tocan las imágenes, se sienten bendecidos, y el rezo al unísono en voz alta alimenta el alma. Los peregrinos que vienen de Luján y siguen para Brasil están conmovidos. Nadie sale como llegó de la peregrinación de dos horas por la villa con mayores niveles de homicidio de la Ciudad de Buenos Aires.

Fuente: Telam.com.ar

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