16 de junio: Bombardeos a la clase trabajadora. Por Emmanuel Bonforti

“Querían terminar conmigo y para eliminar a un hombre no vacilaron en matar a quinientas. Su objetivo final era suprimir a Perón para eliminarlo de la lucha y tener así la partida ganada. Habían elegido para ello la vía más difícil, pero la menos peligrosa. Durante los diez años que estuve en el gobierno, hubiera bastado un solo hombre decidido para hacerme morir. Hablaba en público, participaba en ceremonias, cada mañana salía de casa sin escolta, guiando yo mismo mi automóvil hacia la Casa Rosada. Muchas veces, mi coche marchaba pareado con otros, me saludaban y respondía ¿Qué les impedía dispararme a quemarropa o arrojarme una bomba, entonces?” Juan Domingo Perón.


Para el 16 de junio de 1955 el servicio meteorológico anunciaba un día nublado y posibilidad de lluvias ligeras. Es que no siempre la Plaza de Mayo era un escenario para meter “las patas en las fuentes”, a veces también invitaba a jornadas grises e invernales. El 16 de junio fue uno de los días más grises de nuestra historia reciente y da cuenta del inicio de una de las páginas más sangrientas sufridas por el pueblo trabajador. Estamos hablando del bombardeo a la Plaza de Mayo realizado por una fracción reaccionaria cívico-militar;  los ejecutores: un sector de la marina y la fuerza aérea;  los mentores: organizaciones políticas y empresariales; los destinatarios: el pueblo trabajador

Ante la presencia de un frente anti nacional

Era mediodía cuando los aviones de la marina bombardearon Plaza de Mayo y otro puntos de la ciudad. El saldo fue de 360 muertos y 1000 heridos, el crimen contra el pueblo nunca tuvo proceso ni responsables.

Con posterioridad se supo que el ala política de la acción armada estaba conformada por el conservador Adolfo Vicchi, el socialista Américo Ghioldi y el radical Miguel Ángel Zavala Ortíz. Cualquier lector bien intencionado se sorprendería en la referencia política de éstos dos últimos, lo cierto es que las identidades políticas en los países que fueron semicolonia quedan debilitadas, hablar de izquierdas y de derechas resulta complejo. Si a esto se le suma la emergencia del peronismo como Movimiento Nacional la situación se complejiza. Los pseudos partidos democráticos toman posiciones más reaccionarias cuando entra en escena un Movimiento Nacional. Las motivaciones son el regreso al antiguo régimen semicolonial el cual había fue barrido por el peronismo desde 1945. Al fin y al cabo muerto Yrigoyen el radicalismo se convirtió en un tren fantasma de cualquier proyecto antipopular. Mientras que el socialismo desde sus orígenes no logró comprender las prioridades nacionales motivo por el cual sus propuestas fueron destinadas a un grupos urbanos reducidos.

El envalentonamiento de otros grupos no nacía de un repollo, de cierta manera el período de oro del primer peronismo entraba en crisis. Pocos meses antes del bombardeo Perón atravesaba un conflicto con la familia Bemberg y el monopolio cervecero, aquella familia fue caracterizada por el propio Perón como un inmenso pulpo venenoso que todo lo va emponzoñando y ocupando. 

En paralelo se vincula al bombardeo a otros apellidos de la oligarquía nativa, como por ejemplo Gainza Paz y Lamuraglia, éste último presidente de la Unión Industrial. En relación a ésta entidad, alguna vez fue caracterizada como “La Unión Industrial Argentina no tiene nada de unión, poco de industrial, y está copada por empresas extranjeras”. Volviendo a Lamuraglia había desarrollado un profundo antiperonismo en su posicionamiento contra la obligatoriedad del aguinaldo, encabezando huelgas patronales.

Desde hacía un tiempo el gobierno de Perón atravesaba un conflicto con una parte de la iglesia católica, con lo cual se van conjugando una serie de factores que favorecen el debilitamiento del Movimiento Nacional. A esto se le sumaba déficit energético que aparece durante buena parte del siglo XX como uno de los grandes límites al desarrollo industrial nacional. Asimismo, todo parece indicar que el propio gobierno se encontraba en algunas esferas con una inclinación a la burocratización. Señales que señalan que lo ocurrido el 16 de junio de 1955 no fue un hecho aislado, sino que había una coyuntura reaccionaria propicia para los acontecimientos, pero que también se vinculan con la tradición dictatorial y salvaje de la oligarquía nativa. 

Los medios de comunicación jugaron un rol central en los momentos más tensos del bombardeo, promoviendo la desinformación a la población civil, en una proclama marcial emitida por Radio Mitre los insurrectos sostenían “El tirano ha muerto. Nuestra patria desde hoy es libre. Dios sea loado”.

Por último, en relación a la conformación del frente anti nacional es interesante recuperar las sospechas de Raúl Scalabrini Ortíz quien sostuvo que dos periodistas estadounidenses le aseguraron poseer una cinta que probaría la relación entre los aviones asesinos y barcos ingleses ubicados en Mar Argentino. 

En relación al vínculo internacional los aviones asesinos tuvieron también el apoyo de Montevideo ciudad que utilizaron como centro de operaciones. Aquella ciudad como en tiempos de Rosas albergaba a argentinos que agitaban fantasmas civilizatorios pero que utilizaron métodos de una barbarie cruel y reaccionaria.

Los trabajadores a mitad de camino

La CGT no tardó en pronunciarse y convocó de inmediato al paro y movilización en pos de defender al gobierno. Perón está vez obró como militar y con premura ordenó a la CGT que no se movilice con el fin de evitar mayores derramamientos de sangre. Sin embargo, en varias barriadas obreras de la periferia se escuchaba una frase que resonará durante más de diez y ocho años “vida por Perón”. En retirada los aviones asesinos cargaron contra la CGT. Cuentas versiones que sectores populares inorgánicos desoyendo órdenes se animaron a desafiar y a perseguir a simpatizantes civiles con participación en los bombardeos. Perón dijo luego “el Pueblo no es el encargado de hacer justicia” 

Sin embargo, estos sucesos van a ir promoviendo y dejando una huella sentada en la experiencia de la clase trabajadora. Luego de casi diez años de paraíso el movimiento obrero veía el rostro de la bestia sin velo. Los bombardeos deben leerse como la expresión de una tradición de una parte de la comunidad que busca mantener sus privilegios y que para eso acudirá a cualquier método más allá del resultado. 

* Columnista de Mundo Gremial. Docente de la materia Pensamiento Nacional y Latinoamericano, Departamento de Planificación y Políticas de la Universidad Nacional de Lanús (UNLa)

Fuente: mundogremial.com

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